Le di todo y nunca le pedí nada, sólo que estuviera conmigo. Ahora que el se marcha se lleva consigo mi ser.
Mi alma se pudre enmarañada entre sus vértebras.
Ya no soy nada, un cuerpo vacío que espera el fin sentado en un rincón.
De ilusión no se puede vivir. Y las expectativas nunca se cumplen.
Todos estamos solos, y así acabaremos. Estamos hechos para sufrir.
La vida es una gran mentira, y lo único en lo que podemos creer es en el don que a todos se nos concede, ese al que tememos y nos consume.
La única verdad es la muerte.
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