Abro los ojos despacio para observar las copas de los árboles, moviéndose al compás del viento que viene del Norte.
Las nubes se oscurecen.
Me acomodo entre la maleza y observo a los duendes esconderse en el interior de troncos viejos y raídos.
Una rosa azul y negra susurra su última canción.
Un rayo violeta cruza el cielo.
Y comienza a llover.
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